“Cierra las puertas de tu rostro para que no digan luego que aquella mujer enamorada fuiste tú.”— Alejandra Pizarnik
(via depoesiaypoetas)
Hay días en los que me siento más cansada, últimamente solo tengo estos días.
-Lya
(via i-follow-rivers)
Mientras tanto te esperaré, en nuestro lugar de siempre.
Intenta llegar antes de las 6:00. Porque siempre llueve, y hoy no me siento bien, llevaré mi abrigo, porque últimamente estás muy frío.
Cuando den las 6:00, entenderé que ya es muy tardé, y tal vez mañana volveré.
(via suspiros-en-tinta)
Si el amor sana, ¿Por qué me siento tan rota?
(via suspiros-en-tinta)
Igual que las aves que surcan el cielo sin poder alcanzar al sol, hoy me toca verte desde lejos, a demasiados kilómetros de mí, más allá de las montañas a las que llamo hogar. Me gustaría tenerte aquí y con un beso aprender a rimar contigo, que nuestras estrofas coincidan y nuestras letras se entrelacen para darle forma a la historia que estamos dejando inconclusa. Porque me niego a creer que este es el final, porque no puedo conformarme con chispas si lo que quiero es arder, arder contigo. Ojalá pudiera cambiar lo que soy, renunciar a mis gustos, a mi vida, a mis anhelos. Ojalá pudiera encontrar en otros lo que no puedo dejar de ver en ti. Nunca estuviste aquí, conmigo, pero todo, todo lo que está alrededor mío, lo que ya te esperaba, lo que deseaba mostrarte no deja de hablarme de ti. Las noches son largas, más largas que nunca y mi corazón no cesa de pronunciar tu nombre.
-Dime como harás para olvidarme porque yo no logro dejarte atrás.
(via suspiros-en-tinta)
Yo estaba bien, hasta que le pusiste un “pero” a los “te amo”.
Otoño inmarcesible.
(via soldemediamadrugada)
Te quedaste bajo mi piel y aún no me tatué tú nombre, estoy curando las heridas que dejaste. ¿Sabes? Escribir me salva, me salva de ti, de mi, de tú recuerdo, del dolor, dejo salir todo de mi y me salvo, quedo vacía.
(Aunque al día siguiente vuelva a estar llena de ti otra vez)
Sé que ya no me lees, creo que hace unos cuantos días dejaste de hacerlo porque te dolía, pero escribo como si lo fueras a leer. Estoy sangrando, mis letras sangran, mis dedos también, dueles un infierno, casi como el peor dolor que se inventó.
No creo que entiendas de esto, vos siempre sos la que huye, no sabes el vacío que dejas cuando te vas, lo mucho que duele que no estés. Me entenderán sólo quienes saben lo que se siente tú ausencia, quienes se desgarraron suplicando que no te vayas.
Créeme que nunca quise obligarte a quedarte, nunca obligaría a nadie a quedarse, si vos estás segura que éste es el momento de tu vuelo, volá alto cariño.
Lo único que quiero es una linda despedida, de esas que lloras un montón pero sonríes porque sucedió. Porque aquella persona te atravesó y lejos de una despedida, lo nuestro fue una charla de agradecimiento y de dolor. Es que responderte me dañaba y tú frío me congelaba.
Sé que pronto vas a olvidarme, que me quisiste pero fui sólo una figurita difícil, hasta que hubo otra más difícil y me dejaste de lado. Espero que al menos valga la pena. Sé que fui tú ángel de la guarda, guarde tus miedos, me subí al Ring de boxeo con tus demonios y les di pelea.
Aunque lejos de hacer lo mismo vos sacudiste mis miedos, abriste el placard y les dijiste a todos que vengan a atacarme. Te fuiste y ya no tuve quien me defienda. Ni mis poemas te llevaste, ni mis textos sin sentido, todos los que te dedique quedaron en el olvido, se evaporaron como agua en el desierto. Te fuiste sin palabras, cerrando la puerta, justo cuando mis demonios me atacaban. Vos eras mi viernes y te convertiste en el domingo más lluvioso de la historia.
Paré las balas por vos, pero nunca me enteré que fuiste vos la que disparaba…
¿Por qué?
¿Porqué huías de mí?
Si yo sólo quería amarte.
Tuve que ordenar yo, todo éste desastre, tuve que hacerlo, porque vos me olvidaste, pero supongo que a causa de tanto olvido te olvidaste de algo muy importante, y es que yo te amaba.
Bujii, los retazos del amor
Te hablé de mi refugio y de lo que me causa dolor, te conté de mi casita del árbol y del lugar al que llamo hogar cuando todo se derrumba.
También te conté sobre mi familia y de la vez que nos fuimos todos juntos de vacaciones, te hablé de mi abuelo, de cómo había crecido con él y de cómo sentía que se me estaba escapando.
Te conté la anécdota del día que me perdí por la ciudad que conocí a tú lado. Pero apenas me quedó voz para confesarte que sí me perdí entre sus calles fue porque tú estabas demasiado lejos.
Te intenté relatar el argumento de mi película favorita, quería que sintieras todo lo que yo sentí al verla por primera vez. Creo que no lo conseguí pero me prometiste que la verías algún día.
Te conté mil veces que significaban para mí las letras de todas aquellas canciones que te enseñaba. Pero de nuevo, volvía a ser una cobarde que no se atrevía a decirte que si te las enseñaba era porque hablaban de tí.
Te hablé de lo que quería estudiar, de a dónde quería viajar y de los lugares a los que no quería volver. Te expliqué que había personas que eran el sitio seguro de alguien más y, aunque intentaste creerme, nunca lo llegaste a entender.
Te escuche llorar por mil razones y entendí cada una de ellas, secándote cada lágrima que salía de tus ojitos tan hermosos. Te amé, te quise de formas que jamás entenderías, ni entendería yo, te amé de tantas formas y con tantos colores que inventaste que aún no entiendo porqué te fuiste.
Te conté de mis miedos y los ahuyentaste a todos, creando a tus pasos, nuevos que se incrementaron con tu huída.
Mientras más fuerte es mi alabanza, más bajo sonará el miedo
Me amó y no entendí su amor. En las tardes de invierno me arropaba con sus brazos, metíamos los pies bajo la sábana y me contaba historias de dinosaurios.
Benjamín Griss
(via diario-de-un-depresivo)